
Los hijos de la tierra – Episodio 1
Por Jorge Carvajal
Estamos entrando en una nueva era que podría durar cientos de años, donde la fraternidad genuina es el objetivo, así que hemos comprendido que cada uno de nosotros es único y que nuestra responsabilidad es enriquecer la diversidad del plan del Creador.
La Comunidad Humana y la Familia Universal
En el seno de nuestra comunidad, que se asemeja a una gran familia, emerge una pregunta esencial que nos invita a la reflexión: ¿Qué lugar ocupan los hijos en el futuro de nuestra humanidad y en nuestro presente? En Unalma, nos sumergimos en un diálogo constante, conscientes de que la verdad no tiene un único dueño. Buscamos una verdad que sea de todos, una verdad relativa e incluyente, que se nutre de nuestras vivencias, experiencias y opiniones, sin pretender que estas sean más válidas que las de otros.
La decisión de tener hijos, o no tenerlos, es una elección que debe llevarnos a dar sentido a nuestra vida, a nuestra familia y a nuestra comunidad. Somos parteros de una humanidad en nacimiento, y en este proceso, los hijos no son una posesión, sino que nos poseen a nosotros, encarnándose en el amor de nuestro corazón. La paternidad y la maternidad trascienden la biología y se convierten en un acto de amor y servicio.
Ir más allá de ser dos no significa simplemente aumentar el número, sino construir la unidad. Esta unidad se manifiesta en la familia que creamos, que incluye a nuestros sobrinos, vecinos, los niños que amamos, nuestras mascotas y los proyectos de vida que adoptamos. La adopción es un acto de elección y servicio, donde llevamos a nuestro corazón aquello que decidimos servir y cuidar.
Optar, Adoptar y Adaptar
La vida nos presenta tres movimientos esenciales: optar, adoptar y adaptar. Optamos ejerciendo nuestra libertad, ya sea para ser padres, para emprender un proyecto o para seguir un propósito. Adoptamos al incubar nuestras elecciones en el corazón, que es la matriz de lo que vale la pena en la vida. Y nos adaptamos al dar lo mejor de nosotros mismos, adaptándonos inteligentemente al mundo.
Estamos en un punto de transición evolutiva, no solo como individuos o como sociedad, sino como parte de un sistema solar y un planeta que jimen con dolores de parto. Estos dolores anuncian el nacimiento de una nueva era, una era de genuina fraternidad y reconocimiento de nuestra unicidad y responsabilidad. La responsabilidad es el principal agente de la libertad, y ser auténticamente uno mismo es el mayor aporte a la diversidad y belleza de la creación.
La hermandad se extiende más allá de la humanidad; abarca a nuestras mascotas, a los minerales y a toda la naturaleza. Cada paso que damos hacia adelante en nuestra evolución impulsa a los demás reinos de la naturaleza en su propio ascenso. La poesía de la vida nos permite comprimir el tiempo y comprender el gran misterio de la hermandad universal.
La Quintaesencia de Nuestra Existencia
Pertenecemos a un solo proyecto de vida, el proyecto de la creación. Estamos embarcados en una nave espacial llamada humanidad, ascendiendo hacia el reino de los cielos, que no es otro lugar sino un estado de conciencia que reside en nuestro corazón. Humanizarnos y ser un puente entre los reinos de la naturaleza y el quinto reino, el reino del alma, es la quintaesencia de nuestra existencia.
En conclusión, los hijos de la tierra somos todos, unidos en la diversidad y en la responsabilidad de ser custodios de la vida y co-creadores de nuestro destino. La paternidad y la maternidad se convierten en metáforas de nuestra relación con el mundo, donde cada elección y cada acto de amor son semillas para el futuro de la humanidad y de la tierra que compartimos.








