La verdadera victoria no se logra derrotando al enemigo en el campo de batalla, sino ganando su corazón a través de la verdad. Esta verdad es la que en medio de las diferencias nos permite reconocer que es un contrasentido hablar de la paz mientras se promueve la violencia.
Honramos y acompañamos a la Venezuela que nos dejó con Gregorio Hernández el legado de la unidad esencial entre la ciencia y la espiritualidad. Nos solidarizamos con esa patria grande que con el libertador Simón Bolívar nos legó el sueño de la unidad fraterna entre todos los países de nuestra América.
Desde el poder de la verdad y la no violencia que nos dejaron Gandhi y Mandela decimos hoy gloria al bravo Pueblo de Venezuela. A María Corina y a todas las madres que hoy se consagran con el alma a restaurar el regreso y la reunificación de la gran familia venezolana, queremos decirles a una sola voz que todos somos Venezuela. Ni un paso atrás en la defensa de la verdad que puede iluminar el camino de la paz y de la verdadera libertad.
Acompañemos en oración y meditación todo el tiempo que sea necesario a los hermanos venezolanos para que el poder de un campo de conciencia fraterno ayude a sostener la voluntad de un pueblo que ha decidido despertar para demostrar que el camino real hacia la paz es la verdad.
Meditemos por una política que sirva al bien común, guiada por los principios del amor, de la verdad, de la justicia y de la paz. Por una verdadera política espiritual, para afrontar la construcción de una sociedad más justa y compasiva.
Gracias Venezuela por la lección de dignidad en la defensa de la verdad. El pueblo venezolano nos enseña a todos los pueblos de la tierra que una toma de conciencia colectiva acaba con el miedo y es la fuerza transformadora más grande de toda sociedad.









